Es importante ya que es lo que evita que el lugar donde se busca curar se convierta en un foco de contagio. Su importancia se basa en proteger a los animales, al personal y a los propietarios frente a enfermedades infecciosas (muchas de ellas zoonóticas, es decir, que pueden transmitirse a humanos), además de garantizar procedimientos seguros y una atención de calidad.
Si no se aplica correctamente, aumentan los riesgos de infecciones cruzadas, brotes dentro de la clínica y hasta problemas legales o sanitarios.
Dos aspectos a tener en cuenta dentro de la clínica son:
- Higiene y desinfección:
Limpieza constante de superficies, instrumental y áreas de atención. Uso adecuado de desinfectantes y protocolos entre paciente y paciente. - Uso de equipos de protección personal:
Guantes, batas, tapabocas y, en algunos casos, gafas de protección. Esto reduce el riesgo de contacto directo con fluidos, secreciones o agentes patógenos.